| Actualidad viajera | Por Manuel

En tren o en avión, hay siestas que pueden salir caras…

Cuando viajamos, una siesta nos puede ayudar a que el tiempo pase más rápido. Eso sí, mejor asegurarnos de despertar a tiempo. ¿El motivo? No acabar siendo parte de una de estas curiosas historias, quizás haya quien se sienta identificado en ellas…

18 horas de vuelos y 12.000 km para nada

Hace unos días una mujer francesa, Christine Ahmed, despegó del aeropuerto de Lahore, en Pakistán. Sin saberlo, tenía por delante 18 horas de vuelo y 12.000 km para hacer el recorrido y volver al punto de salida…

Mientras dormía, parece ser que “escapó” al control de la tripulación y seguridad, con lo que hizo una escala de más de dos horas en el aeropuerto parisino de Charles de Gaulle. Nadie pareció darse cuenta de estos hechos hasta que los servicios de migración pakistaníes le dieron la “bienvenida” en su regreso involuntario.

Vuelta a empezar, pero al menos sin cárcel… Tan solo tuvo que pagar Pakistan Airlines (PIA) el precio del billete de vuelta. “Principalmente, la responsabilidad de bajar del avión es cosa del pasajero…”, recordó uno de los representantes de la empresa.

Julien se queda en el tren…

Este caso se remonta al pasado mes de abril: Julien, una joven de 20 años se quedó dormida en un tren que se dirigía a Oloron – Sainte Marie, en plenos Pirineos Atlánticos. Hizo lo que algunos llaman “un garaje”: quedarse dormida, despertarse tarde, sola y atrapada en el vagón en el garaje de la empresa.

Llamó a la policía para que entrara en contacto con alguien de la empresa, pero debido al ritmo que tomaba el asunto se quedó sin paciencia y decidió buscar una solución por si misma. Esta no fue otra que romper la ventana para salir, lo que no esperaba es que esto le saliera tan caro. Las consecuencias por los daños causados ascendían a dos meses de prisión condicional, una multa de 150 €, correr con los gastos de reparación, otros 450 €, y hasta 13.442 € por daños y perjuicios a las empresa SNCF… Una auténtica locura locura sin sentido…

Lo que catalogan como daños son los costes de mano de obra, materiales, limpieza de los vagones, pruebas de seguridad y los trayectos cancelados al día siguiente, los cuales fueron sustituidos por autobuses.

Sufro de claustrofobia”, fue el argumento usado por la “prisionera”

Pero, ¿a quien no le ha pasado alguna vez? ¿Quién no ha recibido alguna vez una llamada de alguien que no sabe en que país está tras quedarse dormido en el tren y haber perdido un avión por ese mismo motivo?

Fotos:  POPFI.com/ stereogab, bateskobashigawa / flickr cc.

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