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A sólo diez minutos en barco desde el continente europeo se encuentra la isla de Bréhat, un pequeño rincón dentro de la bretaña francesa que llama a la paz y a la tranquilidad para unas placenteras vacaciones ajenas al turismo de masas.

La isla de Bréhat tiene una superficie pequeña y una población poco numerosa ya que tiene una extensión de poco más de trescientas hectáreas y su población no sobrepasa las quinientas personas. Todo esto la convierte en un un lugar mágico, un refugio libre de estrés y tráfico. En esta isla no existen vehículos a motor y sólo se puede andar a pie o en bicicleta, el medio de transporte más común en esta zona. Por unos 5 euros se pueden alquilar bicis que en un tiempo de no más de dos horas permiten recorrer la isla al completo. Para redondear esta imagen idílica del lugar también cabe destacar que su microclima, provocado por la corriente del golfo, proporciona las condiciones ideales para el desarrollo de una flora exuberante y diversa, que en épocas de primavera estalla en todo su esplendor.

Entre los principales atractivos del lugar, además de su belleza natural y salvaje, tomamos nota de la Capilla de San Miguel, construida sobre el punto más alto de la isla, a sólo 33 metros de altura sobre el nivel del mar, y sobre la cual se puede observar una vista de 360 grados de toda la región y sus particulares calas. El molino de Birlot que aparece en la parte sur-oeste, también destaca por ser por mucho tiempo un importante recurso para sus habitantes, ya que era el único lugar donde se podía moler el grano para obtener harina, un extraño ejemplo de un molino impulsado por el flujo de las corrientes marinas.

Otro de los atractivos clásicos de Bréhat es el Faro del Paon, construido en 1860 en el punto más septentrional de la isla y destruido por las tropas invasoras alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Reconstruido en 1952, de granito rosa, el faro posee una visión fascinante del Canal de la Mancha.

Isla de Bréhat
Paz y tranquilidad en la Isla de Bréhat

En los meses de verano, la mayoría de turistas que desembarcan en la isla en busca de paz y tranquilidad, eligen la playa principal de arena situada en la costa sudeste de Bréhat llamada Guerzido, por su cómodidad y seguridad al estar protegida por las corrientes oceánicas.

El único pueblo local se llama Le Bourg y es el sitio donde se encuentra la isla principal y los servicios y oficinas de turismo. Es un pequeño pueblo de la costa este de la isla y está construido alrededor de una plaza donde se pueden encontrar bares, tiendas y restaurantes. Y no muy lejos de esta zona, en la playa de la ciudad, se celebra cada año, en agosto, un animado festival que le da aún más alegría a este rincón del planeta.

Para llegar a la región de Ile-de-Bréhat resulta bastante sencillo ya que se pueden coger los ferries que parten de Punta de Arcouest, al norte de Paimpol, que unen el continente con el puerto de Port Clos, al sur. Los viajes entre el territorio continental y la isla son frecuentes ya que hay un barco cada media hora, y es rápido ya que el trayecto no tarda más de diez minutos. El billete tiene un coste que ronda los 10 euros por lo que llegar a la isla y movilizarse en ella (a pie o en bicicleta) no involucra un gran desembolso de dinero.

Para llegar a Paimpol, la ciudad más grande cercana a Bréhat, se puede viajar en coche por la autopista A-11 de París o la N12 de Rennes, mientras que por tren, la opción más sencilla es coger el TGV desde París con destino a Guingamp y luego tomar un tren regional (TER). Se puede viajar en ferry también desde St Malo o Brest, y por aire los aeropuertos más cercanos son Dinard y Rennes.

¿Te gustaría descubrir este lugar alejado de coches y contaminación?

Fotos: France Voyage

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