Islas peculiares hay muchas, de hecho algunas de ellas nos dejará con la boca abierta y la mandíbula casi en el suelo. Y, como no, ciertos casos nos llevan a mirar a Asia, territorio de grandes sorpresas. En esta ocasión nuestro bote del surrealismo nos lleva a una de las más de 500 islas de Japón, la de Hashima, también llamada Gunkanjima. Echemos un vistazo…
Poneos en contexto, vamos navegando rodeados por el azul intenso de la mar. Una cierta neblina acaricia la superficie de esta masa de agua difuminando el horizonte. De pronto, algo altera esa delgada línea que hace “tocar” el cielo con el mar.
Conforme nos acercamos, una especie de masa se va definiendo, una imagen toma forma con aire casi místico. De pronto, lo empezamos a ver claro, una masa de cemento emerge de las aguas dejándonos una postal casi única, envuelta en un halo prácticamente fantasmal. Sí, hablamos de la Isla de Hashima, en la prefectura de Nagasaki, Japón.

Isla de Hashami, un poco de historia
Echando un vistazo a los libros de historia, nos encontramos con un elemento clave que ha escrito las páginas de este territorio emergido en los últimos tiempos: una mina de carbón. Esta atrajo a los primeros habitantes allá por el 1887, eran los trabajadores de la mina y sus familiares, quienes la habitaron hasta 1974.

La propietaria era la empresa Mitsubishi, y como no, si había habitantes, había alojamientos que les dieran cobijo. Pero claro, hablamos de un espacio bastante limitado, con lo que la construcción se llevó hasta el extremo, dejándonos una imagen que el paso del tiempo ha convertido en escalofriante.
Su estructura estaba reforzada por muros que protegían las viviendas, tiendas, el colegio,… de los devastadores efectos de los tifones.

El avanzar de los años dejó en un segundo o tercer lugar al carbón como combustible, lo que llevó al cierre de la isla. El petróleo se abría paso y, como elemento indirecto de destrucción en la historia de la humanidad, también tuvo sus devastadores efectos aquí. La isla fue abandonada, nadie mantuvo unas construcciones que a día de hoy más bien recuerdan a una película de terror. Eso sí, nos deja fotografías tan llamativas como las que os dejamos a continuación.
Un pequeño detalle, la isla de Hashima se puede visitar, aunque por el gran deterioro sufrido, solo es accesible una parte de la misma. Una cuestión de seguridad que no evita que nos hagamos una buena idea del total de la misma, un lugar donde el morbo de la historia pasada hace un notable acto de presencia.











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