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El Magazine del Viajero
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Estambul, Constantinopla, Bizancio, todos ellos nombres para quien mira dos continentes, dos mares, dos culturas. La sensualidad hecha ciudad, el crisol de la historia en todo su esplendor. Así es Estambul, Asia a un lado, al otro, Europa.

La antigua capital del Imperio Otomano, del Bizantino, del Romano,… y ahora puente entre culturas que no siempre se entendieron, es uno de esos lugares con magia, algo intangible, una sensación que muy pocos lugares pueden transmitir.

El sabor de oriente, del mundo árabe, con sus mezquitas y sus llamadas al rezo. La fusión con Europa y sus iglesias cristianas. La diversidad artística propia de quien ha sido mercader y frontera entre continentes, sin olvidar sus relaciones con África, la riqueza de la fusión llevada al extremo.

Todo esto el tiempo lo ha unido con factores tan determinantes como su compleja relación con la Grecia histórica, con Esparta, incluso con pueblos eslavos, vecinos del mar negro.

Estambul - Iglesia de Santa Sofía
Estambul - Iglesia de Santa Sofía

¿Las consecuencias de este mestizaje? Una ciudad impresionante en un enclave diferente. Las mejores tradiciones han querido que los sultanes midieran su legado en función de la belleza de sus mezquitas, lo que hoy nos permite mirar con fascinación la de Süleymaniye, la del Sultán Ahmed (la famosa mezquita azul) o la de Fatih. Todo un contraste y un espectáculo visual frente a la Iglesia de Santa Sofía, ya quisiera el viejo continente disfrutar de una obra de arte arquitectónico como esta…

Son tierras separadas por el estrecho de Bósforo, en las que navegó y fraguó su leyenda Barbarroja, almirante otomano, corsario turco y pirata legendario. Aquí domó las peligrosas aguas del Cuerno de Oro, ese estuario de complejas corrientes que tantos barcos y tesoros tragó.

Estambul se ha convertido en una tierra que enamora y se deja querer, que llama a la diversidad cultural, convirtiéndose en la esencia turca, el aroma de la mejor frontera posible. No son solo mezquitas, no son solo iglesias, también son palacios, museos y naturaleza. Una tierra de especias procedentes del lejano oriente que se adaptan, se moldean, hechizando a todo aquel que algún día paseó por sus callejuelas, por sus bazares, a aquel que respiró el olor de las dos tierras.

Estambul - vistas del Cuerno de Oro y el mar de Marmara
Estambul - vistas del Cuerno de Oro y el mar de Marmara

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