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El Magazine del Viajero
  •   5 min lectura

El susurro de los faros nos vuelve a embaucar, la arrogancia majestuosa con la que se erigen frente a las a veces imperturbables, a veces salvajes, aguas de la mar actúan como una puerta metafórica a otro mundo, uno lleno de misterio. Sus muros guardan secretos, historias, reflejo de quienes vieron como las horas, los días y meses pasaban eternos ante si…

Un escalofrío recorre nuestra piel, los ojos se nos clavan penetrantes en sus muros. El entorno nos ofrece la mano que nos acompaña en un viaje a otro tiempo, a otra realidad. Un lugar en el que el pasado no es cosa del ayer, convirtiéndose, como la propia experiencia, en una parte inseparable del hoy.

Bienvenidos al mundo eterno de aquellos que iluminan el camino… Dejad que la luz de sus lentes os orienten en la oscuridad eterna del abismo del marino y la soledad del farero.

Aniva, el último aliento soviet

Un largo viaje nos lleva por la historia reciente, por un último siglo que ha visto la destrucción humana en su máxima expresión, que nos narra como la era nuclear llegó para dejar su dolorosa huella casi para la eternidad.

Nuestro navegar nos acerca hasta el extremo oriental de Rusia, extremadamente cerca de Japón. La isla de Sajalín nos acoge con sus rasgos asiáticos, el sur de la gran isla nos guarda un secreto. Hasta 1945 estas tierras insulares formaron parte del país del Sol Naciente, en concreto de la prefectura de Karafuto. Pero nos tenemos que ir más atrás en el tiempo, en concreto hasta 1939, momento en el que se levantó por primera vez el faro en el cabo de Aniva, con el cual compartirá nombre.

En la primera planta estaba el equipo encargado de suministrar energía, en la segunda encontrábamos un almacén de alimentos y una rudimentaria cocina, en la tercera se ubicaba la sala de comunicaciones, y de la cuarta a la sexta las habitaciones para los fareros que aquí pasaban sus días.

Con la llegada del ejército rojo de la por entonces Unión Soviética, tras una dura batalla para expulsar a los nipones, quienes a día de hoy reclaman su soberanía en Sajalín, se hicieron con el control de la isla y, por tanto, del faro. Fue entonces cuando se tomó una decisión que cambiaría por siempre la naturaleza del entorno, el equipamiento de diésel fue sustituido por uno nuclear… algo habitual en la época.

Con la caída del telón de acero y el desmantelamiento de la URSS, los faros nucleares empezaron a caer en el agujero negro del tiempo, cruzando hacia una dimensión atemporal de olvido eterno. Esto ha hecho que en infinidad de instalaciones la radioactividad esté más que presente, agrediendo la propia naturaleza, la cual quedará lamentablemente contaminada durante siglos.

El faro de Gibraltar, la vida por una buena cerveza

La marea nos lleva a Toronto, a la región de los Grandes Lagos (en este caso no es marítimo), una zona de islas, naturaleza y sueños. En un entorno en el que la calma respira aire puro, se levantó en 1808 una torre que entonces media unos escasos 20 metros, aunque el tiempo haría que la hicieran crecer hasta los 35 metros, desde los que mandaba una señal luminosa rotatoria que marcaba las sendas seguras a los navegantes que se aventuraban en estas aguas.

Acompañando la magia del entorno nos llegan ecos de una historia antigua, una con aroma a cerveza que nos habla de sombras de otro tiempo… de un brutal asesinato, de leyendas que nunca se podrán contrastar.

El misterio pone un nombre frente a nosotros, John Paul Rademuller, primer farero que habitaba los recios muros que le protegían de las adversidades del entorno. De origen germano, era muy conocido en la región por la cerveza que el mismo elaboraba, la que muchos soldados buscaban en su camino desde el cercano Fort York.

Pero el 2 de enero de 1815 algo pasó, el viento nos trae una historia, entre susurros, que habla de muerte y espectros en la noche. Según cuentan, esa fatídica fecha 3 soldados intentaron que les sirviera el elixir de cebada elaborado por el farero, a lo que este se negó. De pronto, comenzaron a golpearle hasta la muerte, lo llevaron a la última planta y lo dejaron caer al vacío en un acto lleno de rencor. Y no acaba aquí, para evitar ser juzgados descuartizaron el cuerpo, cortándolo en pedazos para posteriormente enterrarlos a lo largo de la isla…

Desde entonces hay quien dice a ver visto una sombra entre la densa niebla, entre la maleza, desde donde se oyen quejidos y lamentos, se dice que es Rademuller intentando encontrar sus restos… En el faro se escuchan extraños ruidos, golpes, pasos que suben las maltrechas escaleras,… pero si te acercas, desaparecen… el halo que envuelve la noche hizo que otros habitantes de estas instalaciones huyeran dejando atrás los tristes alaridos que acompañan las oscuras noches…

Y a vosotros, ¿cuál es el faro que más os ha llamado la atención? ¿Conocéis alguna historia sobre este misterioso mundo? 

Fotos: englishrussia.com, sakhalin.ruEmma-O Productions.archives.gov.on.ca, blogto​eyebextorontoghosts.org

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2 comentarios to “Mundo mágico: la poética de los faros, II

    1. Jajajaja… ahí las dao 😛
      Y gracias por la noticia!!! 🙂

      Por cierto, pregunté lo de los trenes, la verdad es que la info que me dieron… bueno, genérica es poco, pero así a grandes rasgos, en los trenes de Hungría (tienen dos tipo, los normales y los super viejos, vamos, lentos y super lentos), no debe ser problema, al menos con especies no declaradas peligrosas. De todas formas, lo que me comentabas de llegar a Estambul, como se cruzan otros países con otras empresas, creo que sería conveniente confirmarlo uno por uno. En este punto no me han dicho nada determinante, y bueno, en estos casos por experiencia te digo que mejor confirmarlo por tramos.
      Pero a la pregunta si es posible viajar con perros en tren por Hungría, la respuesta es sí. 🙂

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