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El Magazine del Viajero
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Seguimos a Hernán Cortés en su aventura conquistadora, atravesando hermosas ciudades españolas, cubanas y mexicanas.

Hace 500 años que Hernán Cortés pisaba el continente americano y daba inicio a una de las grandes historias de la Historia. Nada volvería a ser lo mismo después de él. Cortés conquistó un Imperio, expandió otro y dio inicio al mestizaje que define al México moderno. Y lo hizo, como es habitual en las más importantes gestas de la historia, con una mezcla de audacia, valentía, grandeza y violencia. En este artículo te mostramos las ciudades en España, Cuba y México que jalonaron su apasionante vida.

Medellín (España)

Todo empieza en Extremadura, tierra que, por otra parte, es también el punto de inicio otras tantas aventuras de exploración y conquista en las Américas. De hecho, si visitas esta región española puedes disfrutar de la conocida como Ruta de los Conquistadores, que te mostrará las localidades en las que nacieron hombres de la talla de Cortés, Pizarro, Pedro de Valdivia, Pedro de Alvarado y Francisco de Orellana. Pero a lo que íbamos: Cortés nació en la localidad de Medellín en 1485. Su padre, Martín Cortés, era de familia hidalga, una circunstancia que -más allá del prestigio de linaje- no implicaba una situación económica particularmente boyante. Sin embargo, el pequeño Hernán pudo recibir una educación esmerada; incuso estuvo a cargo de un preceptor que le enseñó a montar a caballo y a manejar la espada. Algo que, como veremos más adelante, le sería de mucha utilidad en el futuro. Hoy, Medellín continúa siendo una localidad pequeña pero que recuerda con orgullo a su hijo ilustre con un monumento en la plaza que lleva su nombre.

Monumento a Hernán Cortés en Medellín (España)
Monumento a Hernán Cortés en Medellín (España)

Salamanca

A los 14 años, Hernán Cortés fue enviado por su padre a Salamanca a estudiar leyes. Este periodo, que no duró más de dos años, es particularmente controvertido dadas las divergencias entre los que sostienen que estuvo estudiando en la Universidad salmantina y los que discuten esta posibilidad. Estos últimos afirman que Cortés no salió en dos años del bar de la facultad y que lo que aprendió fue posible a raíz de su periodo como escribano en Valladolid. Lo único cierto al cien por cien es que, contrariamente a otros exploradores y conquistadores como Pizarro, Hernán Cortés no era analfabeto. De hecho, las habilidades diplomáticas y legislativas demostradas durante su periplo en México -añadidas a la solvente prosa castellana de las Cartas de Relación en donde contaría a Carlos V sus andanzas- han llevado a muchos a sostener que sí recibió una educación consistente.

Fachada de la Universidad de Salamanca

Sea como fuere, Cortés no sabía muy bien qué hacer con su vida. Viajó dos veces a América, que entonces era una tierra de oportunidades si a lo que uno aspiraba era a regentar alguna plantación o criar ganado. En la segunda ocasión tuvo más suerte y pudo ejercer de funcionario colonial en La Española (isla en donde hoy se encuentra República Dominicana y Haití). También participó en la exploración y conquista de Cuba, actividades que le valieron una suerte de encomienda en la isla, con tierras e indios a su cargo.

Santiago de Cuba

Cortés llegó a ser alcalde de Santiago de Cuba. Sin embargo, esta situación acomodada -que para muchos emigrados a las Américas ya suponía «tener la vida arreglada»- no era suficiente para las expansiones de un Cortés treintañero. Pronto mostró su ambición de continuar las exploraciones y conquistas. Con el fin de materializarlas, se involucró en una expedición organizada por Diego de Velázquez, a la sazón gobernador de Cuba. En aquel entonces, América seguía siendo para los españoles lo que se dice un estorbo. Lo que ellos buscaban, continuando el proyecto de Colón, era un paso hacia Asia.

Vistas al mar en Santiago de Cuba

Descubrirlo implicaba muchas penalidades (enfermedades, mosquitos, la jungla espesa, flechas envenenadas…), pero la recompensa podía ser extraordinaria: dinero y fama. Y, si se era avezado, estos dos objetivos, inviables en España aun empeñando toda una vida, en América podían alcanzarse, si la fortuna acompañaba, un un breve espacio de tiempo. Descubrir territorios y colonizarlos era, en suma, la startup del momento. Sobre todo porque muy contadas veces la Corona financió estas expediciones; la mayoría de ellas fueron empresas privadas de un puñado de buscavidas.

Santiago de Cuba

Tanta tuvo que ser la ambición mostrada por el joven Cortés que muy pronto Velázquez comenzó a manifestar suspicacias. Él sólo había otorgado a Cortés licencia para explorar y hacer acopio de riquezas (en el caso de que hubiera), pero aquel joven parecía albergar ambiciones mucho mayores. El impulsivo Hernán se adelantó a toda reacción partiendo con toda rapidez al mando de 600 hombres. Diego de Velázquez no se quedará quieto; de hecho, como en toda buena serie, es el secundario que retorna en la tercera temporada creando problemas. Lo veremos más adelante.

Veracruz

Tras una agarrada con poblaciones mayas en la isla de Cozumel, Cortés y su tripulación decidieron bordear la costa del Yucatán, en donde no cesaron de verse envueltos en líos de todo tipo con los nativos. Sin embargo, tuvo un golpe de suerte: se encontraron con el adelantado Jerónimo de Aguilar, el superviviente de un naufragio que había conseguido aprender maya. Sus dotes de traductor serían de gran ayuda en lo sucesivo. Tras un desembarco cerca de la desembocadura del río Tabasco, y su consiguiente guerra con los nativos, Cortés y su tripulación fueron informados por los indios de la existencia del imperio mexica. Además, también le fue entregada como presente una india que sería decisiva y a la que tomaría como amante: la Malinche. Sus conocimientos de maya y náhuatl fueron imprescindibles: ella traducía del náhuatl al maya, y Jerónimo de Aguilar del maya al español.

Veracruz (México)

Continuaron su navegación, costeando el Yucatán hacia el nordeste, en busca de los mexicas. Desembarcaron cerca de Quiahuiztlán, y en esa región fundó Hernan Cortés la ciudad de Veracruz. Todo un hito porque fue, si exceptuamos a Santa María de la Victoria (hoy desaparecida), la primera ciudad fundada por los españoles en el continente.  Además, nuestro aventurero se proclamó Capitán General, por lo que formal y jurídicamente rompió cualquier lazo de sumisión con Diego de Velázquez. Además, estableció una alianza con los totonacas, los nativos del lugar, para que se unieran a ellos y marcharan juntos a rendir Tenochtitlan.

Sitio arqueológico de El Tajín, en Veracruz
Pirámide totonaca en El Tajín (Veracruz)

La suerte estaba echada: poco después Cortés llevó a cabo lo que se conoce como la quema de las naves. La intención era evitar la fuga de su tripulación hacia Cuba, sobre todo sabiendo que estaban, literalmente, fuera de la ley. Todo indica que Cortés no las quemó sino que las barrenó: una buena decisión dado que en poco más de un año las convertirían en los bergantines que asaltarían los canales de Tenochtitlan.

Tlaxcala

Tlaxcala fue una de las paradas más importantes en la ruta de Cortés hacia el encuentro con Moctezuma. Se trataba de la ciudad más importante de una Confederación de pueblos indios particularmente enfrentados a los mexicas. De hecho, eran sus principales haters y se habían resistido en numerosas ocasiones a la conquista. A ello contribuía la nada cordial tradición del Imperio Mexica de las «guerras floridas»; o lo que es lo mismo: incursiones de captura de indios con el objeto de esclavizarlos o destinarlos al sacrificio. Lo cierto es que el primer contacto de Cortés y sus ejércitos aliados con los tlaxcaltecas no fue para hacerse selfies: tras varias refriegas y batallas, los tlaxcaltecas decidieron unirse al ejército de Cortés en su marcha a Tenochtitlan. Sin embargo, en lo sucesivo serían sus más fieles aliados y absolutamente decisivos en la caída de la capital mexica.

Tlaxcala (México)

Cortés había sido audaz explotando las luchas internas de los nativos y ahora se dirigía a Tenochitlan con un ejército considerable. Moctezuma era informado en todo momento que una coalición contra él estaba cuajando y que un wey blanquecino y barbudo se dirigía a Tenochtitlan con intenciones poco amistosas. En repetidas ocasiones trató de disuadirles mediante el envío de emisarios con multitud de regalos, obteniendo nulos resultados.

Cholula

La peripecia de Cortés en Cholula puede considerarse como el acontecimiento que da inicio a la Leyenda Negra que rodea su figura. Cholula era una ciudad fiel a los mexicas que, inesperadamente, recibió con todo tipo de agasajos a los españoles y sus nativos aliados. Sin embargo, los visitantes no pudieron desprenderse de la idea de que «algo huele mal en Cholula».

Cholula, en México

No se sabe todavía con certeza qué ocurrió. Se cuenta que los españoles dieron la voz de alerta al descubrir calles cortadas y trampas para caballos, muy claramente dispuestas para una emboscada. Otros sostienen que la conspiración fue destapada por Malinche poco después de ser advertida por una cholulteca que un ataque contra los españoles se avecinaba.

Pirámide de Cholula
Pirámide de Cholula

Malinche, claro, se chivó y Cortés reaccionó preventivamente con una auténtica matanza. Entre 3.000 y 5.000 cholultecas fueron asesinados en una sola jornada . Un acontecimiento que aterró a Moctezuma y que, hoy en día confiere a la palabra malinchismo su característica connotación peyorativa de traición.

Tenochtitlan (Ciudad de México)

Cuando los españoles divisaron Tenochtitlan no pudieron creer lo que veían sus ojos. Aquella ciudad construida sobre un lago era insólita, casi fabulosa. El cronista Díaz del Castillo dejó anotado que al verla, pensaron que se habían hecho realidad las fantasías del Amadís de Gaula, una famosa novela de caballerías (lo que hoy significaría que lo que estaba ante sus ojos sólo lo habían visto antes en las películas). Tenochtitlan era, además, una ciudad muy poblada que los españoles no tardaron en comparar con Sevilla o Venecia.

Moctezuma, con tal de atraerse a Cortés, al que ya sabía líder de una peligrosa coalición en su contra, trató de tenerlo entre algodones. Los españoles transitaron la ciudad y se maravillaron de sus mercados y hasta de un exótico zoo. Sin embargo, Cortés intuyó que si no llevaba la iniciativa podía estar encerrándose él solito en una ratonera. Es por ello que apresó a Moctezuma y lo puso a sus órdenes.

Y a partir de aquí los acontecimientos se precipitan con una velocidad de vértigo. Soldados de Diego de Velázquez desembarcaron próximos a Veracruz, por lo que Cortés tuvo que ir personalmente a derrotarlos, reclutando tras la victoria a muchos de ellos para tomar Tenochtitlan. Cuando vuelve a la capital del Imperio Mexica percibe que el ambiente está muy caldeado. Durante su ausencia, Pedro de Alvarado, temiendo un ataque de los mexicas, mandó perpetrar la Matanza del Templo Mayor, en la que la mayoría de la aristocracia mexica fue asesinada. La reacción del pueblo fue de furia; tanta que el propio Moctezuma, intentando templar gaitas, fue asesinado de una pedrada a manos de sus súbditos.

Ciudad de México
Ciudad de México en la actualidad.

Ante esta tensa situación, Cortés tomó la decisión más razonable: ¡bomba de humo! Organizó una huida durante la noche, que pronto fue descubierta. Cientos de españoles y sus aliados indígenas encontraron la muerte mientras trataban de cruzar el lago sobre las enormes calzadas que conectaban la ciudad con la tierra. Es lo que se llama la Noche Triste; tan triste fue que cuentan que fue la única vez que se vio llorar a Cortés. Por si fuera poco, el hostigamiento de los mexicas no cesó: fue necesaria la victoria de Cortés en Otumba, para poder huir a un lugar seguro sin ser aniquilados.

Cortés quedó muy «picado» con los mexicas, por lo que en los meses siguientes armó un ejército y mandó construir bergantines pensados para asaltar la ciudad a través de los canales. Volvió un año después a Tenochtitlan y esta vez sí fue la madre de todas las batallas: cuatro meses de asedio feroz por tierra y agua, guerreando casa por casa y con un ejército invisible e inesperado combatiendo a favor de los españoles: la viruela. Tenochtitlan cae en agosto de 1521, arrastrando consigo toda una época.

Cuernavaca

Conocido es el que hecho de que, tras los conquistadores y sus gestas, llegan los funcionarios y su burocracia. Eso no fue una excepción en el caso de la América española. Y Cortés lo pagó. Sus ambiciones de ser el señor absoluto de los territorios conquistados chocaron con la voluntad de la Corona, muy poco interesada en facilitar el surgimiento de señores feudales en ultramar. Como premio el rey le otorgó el Marquesado de Oaxaca y le nombró Capitán General pero le privó de sus ambiciones gubernativas, que serían confiadas a la figura del virrey. Cortés estableció su palacio en la localidad de Cuernavaca, un monumento interesantísimo que vale mucho la pena visitar. Sin embargo, nuestro protagonista nunca se resignó a la jubilación, viajó a Europa y tomó parte en otras batallas. Pero esto, como suele decirse, es otra historia…

Palacio de Cortés en Cuernavaca (México)
Palacio de Cortés en Cuernavaca (México)

Bonus track: Hospital de Jesús (Ciudad de México)

A diferencia de otros conquistadores -por ejemplo Pizarro en Perú o Jiménez de Quesada en Colombia- la relación de Cortés con el territorio conquistado no ha sido fácil desde las independencias. Mientras que Pizarro y Jiménez de Quesada reposan hoy en día en significados espacios, Cortés lo hace en un lugar mucho más marginal. Si uno de tus deseos al reservar unos vuelos a México es el de ver la tumba de Cortés, has de saber que no lo encontrarás en la imponente Catedral Metropolitana, sino en el altar de la iglesia del Hospital de Jesús, que el mismo Cortés fundó.

Hospital de Jesús, en México

 

IMG: iStock; Wikipedia. Portada: Scoopnest.

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