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El Magazine del Viajero
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En este artículo damos la vuelta al mundo en 8 libros.

Hay muchas ciudades que son un monumento, una avenida, acaso un hecho histórico o incluso un baile o un plato suculento. Sin embargo, no son tantas las ciudades que han conseguido convertirse en mundos literarios, en donde parece que la fabulación y la imaginación corren a sus anchas por las calles. En esta lista te mostramos las ciudades que más y mejores libros han ambientado.

Dublín

Pensar en Dublín es evocar inmediatamente a Joyce. A pesar de que el escritor vivió casi toda su vida fuera de Irlanda (París y Trieste fueron algunas de las ciudades que lo acogieron), su condición de dublinés le influyó muchísimo al escribir su obra (no hay más que pensar, por ejemplo, en su libro de relatos Dublineses). Aunque, por si fuera poco, Dublín es también uno de los personajes de su famoso Ulises. Hoy en día incluso existe un Bloom’s Day, que toma el nombre del personaje principal de la novela, Leopold Bloom. Así de primeras puede sonar a un evento un poco friki, pero se trata de un itinerario muy lúdico por los emplazamientos dublineses que aparecen en la novela. Si vas a reservar unos vuelos baratos a Dublín y no te quieres perder el Bloomsday, toma nota: se celebra cada 16 de junio, el mismo día en que transcurre la acción del Ulises.

Representaciones con motivo del Bloomsday
Representaciones callejeras en el Bloomsday

Praga

Kafka se ha convertido en una atracción turística más de Praga, al mismo nivel que el Reloj Astronómico o el Puente de Carlos. Es imposible haber visitado Praga sin haber reparado en la amplia presencia que Kafka tiene a día de hoy en la ciudad checa. De hecho no son pocos los tours turísticos que te adentrarán en su vida, así como los numerosos cafés que hacen referencia a su figura, o las esculturas en su honor que menudean por las calles de la ciudad. Es, en fin, una presencia que podría calificarse de… kafkiana. Pero Praga es también la ciudad que ambienta la truculenta historia del Golem, una especie de prefiguración del mito de Frankenstein (o, para muchos, incluso de los robots). Más recientemente, Praga ha sido también escenario de los amoríos en la gris Checoslovaquia comunista que Kundera ideó en su popular La insoportable levedad del ser.

Castillo de Praga

Madrid

Decía Hemingway que Madrid rebosa de tanta literatura que es ella misma un personaje literario. Y tal vez razón no le falte porque Madrid cuenta con una nómina de literatos envidiable: basta con un escueto paseo por el Barrio de las Letras para descubrirlo. Esta condición de ciudad literaria nunca la ha abandonado: todavía en tiempos de Galdós y su Fortunata y Jacinta, Madrid se prestaba con facilidad a lo novelesco. Andando el tiempo, Madrid sería en el escenario perfecto para las deformaciones de Valle Inclán en el Callejón del Gato (Luces de Bohemia), para las historias de desencanto y bajos fondos de Pío Baroja (La busca, El árbol de la ciencia) o para el costumbrismo de Cela y Francisco Umbral. Si quieres completar este tour literario por Madrid, no puedes dejar de visitar el Café Gijón, lugar que, aunque hoy ya no es lo que era, fue uno de los centros culturales de Madrid, célebre por sus míticas tertulias.

Venecia

Venecia es todavía una ciudad que ejerce sobre nosotros una extraña fascinación. Puede que sea por su condición de ciudad a caballo entre el esplendor y la decadencia, que languidece durante siglos sin llegar a morir. O tal vez por los canales que la atraviesan y a los que flanquean palacios en cuyo interior, quién sabe, cuelgan secretos cuadros de Tintoretto o Tiziano, se interpreta un concierto de Vivaldi… o quizás unos enmascarados traman un asesinato durante la fiesta del Carnaval. Es, sin duda, una ciudad novelesca en sí misma. Ya lo supo ver Thomas Mann, cuya La muerte en Venecia sigue siendo la obra que mejor resume las contradicciones de esta ciudad.

Barcelona

La Ciudad Condal, lo mismo que Madrid, se presta estupendamente a lo literario. Y su trayectoria en este sentido es larga: desde los tiempos del Quijote, cuya visita a la ciudad catalana es crucial en su historia, que Barcelona viene siendo un escenario muy sugestivo para los escritores. No hay más que leer las novelas de Juan Marsé o Mercè Rodoreda. En los últimos años han aparecido novelas, auténticos best sellers, que han convertido a Barcelona en uno de los escenarios más deseados para fabular historias. Nos referimos, claro está, a La sombra del viento de Ruiz Zafón y a La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones.

Basílica de Santa María del Mar
La Basílica de Santa María del Mar: inspiradora de «La Catedral del Mar».

París

París es, o fue, otra de las capitales mundiales de la literatura. A esto contribuyó su carácter de gran urbe moderna, colmada de avenidas y edificios fastuosos en donde, durante mucho tiempo, se cocían las últimas tendencias en Europa. De hecho, es difícil pasear por sus calles sin evocar las aventuras de Jean Valjean en Los Miserables (Victor Hugo), los suspiros amorosos de Frédéric Moreau en La educación sentimental (Flaubert), las artimañas de George Duroy en Buen amigo (Maupassant) o las elucubraciones de Horacio Oliveira en Rayuela (Cortázar).

Catedral de Notre Dame, en París
¿Ves asomarse a Quasimodo?

San Petersburgo

La ciudad rusa es, como no puede ser de otro modo dada su importancia económica y cultural, uno de los epicentros de la novela rusa, donde autores de la talla de Dostoievski, Tolstoi o Gogol han gustado de transitar con frecuencia. No pocos personajes inmortales de la literatura rusa han ido paseando sus frustraciones, sus dramas existenciales y sus adulterios por las calles de la más occidentalizada de las ciudades del país. La nómina de novelas (más bien novelones, en calidad y en peso) que se han ambientado en San Petersburgo es amplísima: Crimen y Castigo, Guerra y Paz o Memorias del subsuelo son algunas de ellas.

San Petersburgo

Nueva York

Nueva York es, desde hace unas décadas, la capital cultural si no del mundo sí de todo Occidente. Dada esta circunstancia se entiende mejor que tantas y tantas novelas se hayan ambientado en sus calles. Probablemente, se nos venga a la cabeza la figura de Paul Auster y toda su reconocida, y leída, novelística. Pero Nueva York lleva siendo un escenario privilegiado para la ficción desde hace tiempo: no hay más que leer Desayuno con diamantes (Capote) y El Gran Gatsby (Fitgerald) para comprobar lo que da de sí literariamente esta gran urbe.

 

IMG: iStock; Shutterstock.

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