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El Magazine del Viajero
  •   4 min lectura

Florencia, París. Jerusalén, la India… haciendo referencia al lugar donde suceden, así han sido bautizados algunos de los síndromes que pueden afectar a viajeros aprensivos al visitar destinos demasiado impactantes.

Uno no se sorprende si a la hora de volver al trabajo después de unas largas vacaciones aparece cierto agobio o incluso depresión, síntomas del llamado síndrome post vacacional (del que ya publicamos un artículo con 10 consejos para ayudar a superarlo).

Pero a veces el malestar comienza en el mismo viaje, cuando viajeros demasiado sensibles visitan lugares que les impactan en exceso, provocándoles situaciones de estrés, con taquicardias, sofocos e incluso en los casos más graves se puede llegar a sufrir alucinaciones, delirio o paranoia. Este conjunto de síntomas es lo que se conoce como síndrome del viajero.

Las causas están en la fatiga psicológica y emotiva que acompaña al cansancio físico de todo aquel que viaja. Cuando el viajero se enfrenta a la realidad del destino que visita, no siempre es como lo esperaba, por lo que se puede experimentar una fuerte desilusión al no cumplir con las altas expectativas generadas previamente, o en el caso opuesto, sobrepasarlas brutalmente, resultando demasiado abrumador.

Parece ser que las personas más propensas para sufrir estos síndromes suelen ser los viajeros solos, y entre ellos con más probabilidad a mujeres que a hombres. También las personas con un alto sentido estético o artístico tienen más probabilidad de sufrir un síndrome del viajero, debido a su mayor sensibilidad.

El síndrome de Florencia o de Stendhal

Recibe este nombre por el famoso escritor del siglo XIX, que sufrió unas fuertes emociones al contemplar por primera vez la exuberante belleza de las obras de arte de la ciudad de Florencia:

“Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”.

A partir de entonces se empezó a denominar síndrome de Florencia o síndrome de Standhal cuando los viajeros que contemplan obras de arte sumamente bellas son abrumados de tal forma que llegan a sufrir taquicardias, palpitaciones, vértigo o incluso alucinacionesFlorencia

Eso sí, aun a riesgo de sufrir un ligero “stendhalazo” (el que escribe habla por experiencia personal), vale la pena absolutamente buscar un vuelo a Florencia para admirar las maravillosas obras de arte de la ciudad.

El síndrome de París

A pesar de tener unos síntomas similares (crisis nerviosa, alucinaciones, taquicardias, mareos…), este síndrome tiene un origen completamente diverso al anterior: ocurre cuando un turista llega a París con una imagen preconcebida demasiado idealizada y se da de bruces con una realidad que no es como la esperaba, causándole un fuerte trastorno.París

Las víctimas más comunes de este síndrome suelen ser los turistas japoneses, que llegan a París esperando encontrarse a Amélie Poulain, y en vez de eso se encuentran con una ruidosa metrópolis, con unos habitantes no siempre demasiado amables, por no decir groseros. Debido a esto, cada año unos 25 turistas japoneses tienen que ser repatriados a su país tras haber sufrido el síndrome de París.

Así que ya sabes, procura no ver Amélie justo antes de tu próximo viaje a París, aunque sólo sea por si acaso (o porque seguro que ya la has visto varias veces).

El síndrome de Jerusalén

En este caso se puede llamar de forma general como “síndrome del peregrino”, ya que también ocurre en otros lugares con fuerte carga religioso (el Vaticano, Lourdes, Fátima…).Jerusalén

El peregrino puede sufre tal conmoción por estar en un “lugar sagrado”, que llega a tener psicosis y delirios, llegando al punto de identificarse con algún personaje de la Biblia. Son comunes los casos de peregrinos en Jerusalén que creían ser Moisés, el rey David, Juan Bautista o incluso el propio Jesús. La identificación es completa, llegando a vestirse con túnicas y a predicar en público o intentar sanar a enfermos.

El síndrome de la India

Este síndrome tiene su origen en la desilusión por no encontrar el misticismo y la serenidad espiritual que en su mente asociaban a la India. Enfrentarse de golpe a la pobreza, suciedad o violencia presente en este país puede causar una fuerte angustia, que puede llegar a derivar incluso en un comportamiento paranoico hacia la propia población local.India

El remedio

En teoría, estos síndromes pueden ser reflejo de un problema subyacente de la personalidad, pero sólo en casos muy extraños, por lo que no hay que alarmarse. Los médicos señalan que sufrir alguno de los síndromes del viajero no significa estar loco, y que por supuesto no son permanentes: los síntomas cesan una vez que termina el viaje y se vuelve a la vida cotidiana.

Lo más importante es tratar de no dramatizar en exceso, y por supuesto no dejar que esto te haga perder las ganas de viajar: ¡el próximo viaje seguro que será mucho mejor!

¿Alguna vez has sufrido alguno de estos síndromes?


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7 comentarios to “Síndromes del viajero, cuando viajar te afecta demasiado

  1. En mi caso, me impactó muchisimo São Paulo (no está en el listado; ahora, me identifico con algunos sintomas que hoy día experimento posterior a la visita). Ver areas que deberían ser hermosas a los ojos, opacadas por olores fuertes y putrefactos, además de una gran concentración de personas sin hogar y la falsa sensación a seguridad en esa área me dejó sin habla.

    Sé que me dirán que esto puede pasar en todas partes, incluyendo en tu propio país. Sin embargo, considerando lo gigantesca de la ciudad para los millones de personas que habitan en ella, el impacto en mí fue astronómico.

    Mil gracias por el articulo. Sin duda alguna, me sirve de apoyo en estos momentos. Saludos.

    1. Hola Ámbar,

      Me alegro de que te haya gustado el artículo, y muchas gracias por tu consejo: es totalmente cierto que hay que tener cuidado con las expectativas con las que se viaja. ¡Es siempre mucho mejor ir con la mente abierta y dejarse sorprender!
      ¡Saludos!

  2. Nosotros tenemos otro y es el de sentirnos atrapados en España, cuando empiezas a vijar y descubres que es algo que te encanta, volver as la rutina es realmente duro.
    En cuanto a los lugares que comentais, el que más hemos sufrido nosotros es el de la India, llegamos a querer salir de allí como fuese, pero ahora, en septiembre, volveremos encantados!!
    En el resto de destinos por suerte no hemos sufrido nada, pero no nos extraña que personas que vayan predispuestas lo sufran.

    1. A mí me pasó algo parecido a lo que contáis de la India: en Florencia me dió un ligero “stendhalazo” (palabra que acuñamos entre los amigos en aquel viaje), pero aún así me encantaría volver. El más peligroso me parece el de Jerusalén, que igual te transformas en Moisés y no puedes parar de intentar separar las aguas jeje
      Y por cierto, sobre el “Síndrome del eterno viajero” justamente hablaremos mañana en la entrevista que hemos hecho a Lucía y Rubén del blog http://algoquerecordar.com/. ¡No os lo perdáis! 🙂

      ¡Saludos!

    1. Comparto totalmente tu opinión, el atractivo de todos estos destinos hace que valga la pena el riesgo de que te dé un “síndrome”.
      … y bueno, una temporada en Jerusalén haciendo de Moisés tampoco tiene que estar mal 🙂

      ¡Un saludo!

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