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El Magazine del Viajero
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A las puertas del pirineo, como un guardián de leyenda, escoltan el paso al río los mallos de Riglos y Agüero. Una fortaleza natural que ejerce de frontera entre la planicie u hoya de Huesca y los espigados montes pirenaicos. Tierras de leyendas y cuentos, de riquezas naturales tan bellas e impactantes que parecen casi irreales. Un viaje en el tiempo a través de Ayerbe, Anzánigo, Villalangua, Izarbe, Botaya,…

Hablamos de una de las regiones más desconocidas y olvidadas, pero con una naturaleza que enamora. De carácter misterioso y pueblos olvidados, la región popularmente conocida como los Mallos de Riglos abarca, aunque no administrativamente, desde Ayerbe hasta la línea imaginaria que cruza de Artaso hacia Botaya.

La llegada desde las tierras moras de otra época era observada en la historia por uno de los castillos más grandes y mejor conservados de nuestros días, el Castillo de Loarre. Desde aquí vigilaban las fronteras de los reinos musulmanes de Al Andalus, cuyo límite  estaba en esa primera línea de Ayerbe. Este pueblo, el más densamente poblado en kilómetros y desde cuyo castillo fortaleza vigilaba de cerca el reino de los cristianos, es el punto en el que da comienzo nuestro paseo por el paraíso.

Los Mallos de Riglos
Los Mallos de Riglos
  • Río Gállego, origen de vida

Por estas tierras discurren las aguas ancestrales del río Gállego, de origen glacial y alimento de su propia naturaleza. Siguiendo su curso, llegamos hasta Murillo de Gállego, flanqueado por los legendarios Mallos de Riglos y Agüero, guardianes de los pueblos con los que comparte nombre.

Nos encontramos ante las auténticas puertas de los Pirineos, en tierras fértiles al sorprendente abrigo del clima mediterráneo. Un lugar en el que la escalada y el senderismo aumentan su valor al mismo ritmo que baja la densidad de población.

  • El Embalse de la Peña, un punto de inflexión

San Juan de la Peña
San Juan de la Peña

Tras cruzar el impresionante umbral, nos encontramos con la montaña en todo su esplendor. Cambia el clima, cambia el paisaje. Entramos en unas tierras donde se percibe la dureza de la supervivencia, hay otro color. Una localidad de curioso nombre, Triste, nos da la bienvenida.

Nuestros senderos nos empiezan llevar por montes llenos de ermitas semi abandonadas, por pueblos deshabitados por diversos motivos. Salinas la Vieja, aislada en su leyenda negra; Sieso de Jaca, un pueblo olvidado en el bosque, en fase de recuperación gracias al empeño de unos jóvenes; Anzánigo, con sus 3 habitantes la mayor parte del año,…

  • Botaya, tierra de templarios

Nuestro avance constante a lo largo de los días, con paradas en tierras de nadie y con el río como guía, nos lleva hasta Botaya. Una tierra de caballeros templarios, cargadas de leyendas. A sus espaldas se guarda según la leyenda la mayor de las reliquias cristianas, el Santo Grial. Este lo ubican en San Juan de la Peña, un templo escavado en la roca al que le guardaban las espaldas los míticos  caballeros.

Descubre estas tierras y todos sus secretos, visítala alquilando un coche y recorriendo cada uno de estos misteriosos parajes. ¿Ya conoces esta zona? ¡Comparte tus experiencias y vivencias con los demás viajeros, dejándonos un comentario!


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4 comentarios to “Península misteriosa: Riglos, entre leyendas, mallos y pueblos deshabitados

    1. Hola Raúl!
      Pues te lo recomiendo, es impresionante, el entorno natural se deja querer… infinidad de matices, diferentes caras a un lado y otros de esa “puerta” a los Pirineos… Seguro que te encanta, yo fui una vez y no tuve más opción que voler unas cuantas más, jejejeje…

      Ya nos contarás que tal tu experiencia!!!

      Saludos!

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