En el acervo popular, Transilvania es una región repleta de misterio y algún que otro vampiro. Un lugar, en definitiva, tétrico que estimula nuestra curiosidad. Sin embargo, Transilvania es eso y mucho más. Lo primero de todo, constituye una de las masas boscosas más potentes de Europa, con todo lo que esto significa en lo referente a biodiversidad. Pero no todo son montones de árboles. Transilvania también cuenta con parques naturales, extensiones vinícolas, cuevas y cañones. Y, todo ello, sin mencionar el gran poso cultural que todavía hoy posee. Cruce de caminos (no siempre amistoso) entre húngaros, rumanos, turcos, sajones y gitanos, Transilvania ha sabido destilar ese heterogéneo aporte en ciudades de gran belleza. Hoy te sumergimos en esta región europea fuera de los tópicos (aunque no podremos evitar caer en alguno relacionado con cierto conde que ya imaginas). Y, para ampliar, aquí te dejamos nuestro artículo sobre qué ver y hacer en Rumania.
Paisajes apacibles: Lago Balea
Normalmente, cuando pensamos en Transilvania nos viene a la mente grandes masas de árboles, bruma y misterio. Pocas estampas contradicen esa visión popular como la del lago Bâlea, entre las montañas de Fagaras (en plenos Cárpatos meridionales) y Sibiu. Se trata de un lago glacial que se encuentra a una altura de 2040 metros sobre el nivel del mar. Por tanto, a esa altitud no encontrarás la vegetación que solemos asociar con Transilvania, pero sí un entorno sereno y apacible, además, si lo visitas en invierno te permitirá realizar deportes como esquí o snowboard.

Vistas de miedo: Garganta Bicaz
Las gargantas del río Bicaz se extienden por una región fronteriza entre Transilvania y Moldavia, por lo que parte del trayecto discurre por este último país. Sin embargo puedes experimentar un grato itinerario sin salir de Rumania. Es, sin duda, un planazo para ser recorrido en coche. Puedes acceder a estas gargantas mediante la carretera que cruza el Parque Nacional Cheile Bicazului-Hasmas. Obtendrás a tu paso impresionantes vistas de la región. La carretera discurre entre grandes paredes de roca que, en algunos tramos, pueden medir hasta 500 metros.

Misterio a otro nivel: Cueva de Scarisoara
Las bellezas de Transilvania también se encuentran bajo tierra y una de las más espectaculares es esta cueva glacial, considerada una de las más grandes de Europa. La encontrarás en los montes Apuseni, en el monte Scarisoara. El glaciar subterráneo que alberga se estima que cuenta con más de 3.000 años de antigüedad. El glaciar tiene una extensión de 7.200 metros cuadrados y una altura de 26 metros. Si la visitas, ve bien abrigado porque la temperatura de la cueva se mantiene a 0 grados.

Un poco de enoturismo: las regiones vinícolas de Transilvania
No siempre es un hecho bien conocido, pero después del cuarteto España, Italia, Francia y Portugal, el quinto país europeo con mayor producción de vinos es Rumania. No ha de extrañarnos dado que esta región ya estuvo sometida a influencias de griegos y romanos desde antiguo. Hay muchas regiones vinícolas repartidas por Rumania y Transilvania es una de ellas. Los colonizadores sajones medievales, además, trajeron consigo el gusto por los vinos blancos dulces, una tradición que continúa en Rumania y que convierte al país carpático en un especialista productor de vinos blancos. En Transilvania existen varias regiones vinícolas que puedes visitar. Por ejemplo el valle de Târnava, en Banato, Crisana y Maramures.

Joyas urbanas: Brasov
Junto con Cluj Napoca, Brasov es la otra gran ciudad transilvana. Fundada en la Edad Media por los Caballeros Teutónicos, sigue manteniendo un look medieval y fortificado notable. Es una localidad francamente pintoresca donde destacan monumentos como la Iglesia Negra, la Iglesia de San Nicolás o la Plaza Sfatului. Aunque tal vez su parte más pintoresca sea el barrio Schei, con sus casitas de colores. Te aconsejamos visitar la Ciudadela, desde la que podrá disfrutar de estupendas vistas sobre la ciudad. Y si lo que quieres es algo de naturaleza, siempre puedes subir a la Montaña Tampa, tanto a pie como en teleférico. ¿Buscas la foto clásica de Brasov? Entonces desplázate a la Strada Sforii, con sus 1,3 metros de ancho está considerada como una de las calles más estrechas de Europa.

Cruces de culturas: Cluj Napoca
La historia de Transilvania no puede entenderse sin la acción de los húngaros, un pueblo belicoso que, fundado en el siglo X, se lanzó a la conquista de la cuenca de los Cárpatos. Ello le llevó, inevitablemente, a Transilvania, donde encontraron a los rumanos. Ello ha propiciado que la historia de Transilvania sea, en buena parte, la historia del conflicto entre ambos pueblos. Hoy, de hecho, se estima que en torno a 2 millones de húngaros siguen residiendo en Transilvania. Lo que sigue siendo la mayor mayoría nacional residiendo en un país limítrofe de toda Europa. Cluj Napoca es la ciudad que mejor representa este conflicto, pero también cierta fusión y convivencia. Aquí encontrarás desde iglesias católicas (la aportación húngara) a la catedral ortodoxa rumana, esta última muy cerca de la Piata Avram Iancu, una plaza céntrica muy representativa donde se erigen otros dos monumentos de excepción: el Teatro y la Ópera.

Un poco de mainstream transilvano: el Castillo de Bran
No se puede hablar de Transilvania sin evocar el mito que la rodea: el misterio y los vampiros. Probablemente el mejor lugar para profundizar en esta dimensión de la región sea el Castillo de Bran, considerado como el Castillo del Conde Drácula. Aunque tal personaje jamás existió (es una creación del novelista irlandés Bram Stoker), lo tétrico de este castillo alzándose entre la masa forestal transilvana hace “un buen apaño”. Al margen de bromas, visitar este castillo medieval del siglo XIII, es uno de esos planes imprescindibles si visitas Transilvania. Te recomendamos que, si lo visites, aproveches y te desplaces a Brasov, a tan sólo 30 km. ¡O viceversa!

Un poco de historia: Castillo de Hunyad
Si te has quedado con más ganas de castillos, nada mejor que darse un salto al Castillo de Hunyad (también llamado Castillo de Corvino), próximo a la ciudad de Hunedoara. Se trata de un castillo muy relacionado con el Reino de Hungría y a la nobleza húngara, dominadores de la región durante largo tiempo. También se piensa que fue aquí donde permaneció preso Vlad Tepes, este sí un personaje histórico (en el que supuestamente se inspiró el ya mencionado Bram Stoker). Su estilo es ecléctico, aunque predomina su gótico original al que posteriormente se fueron añadiendo otros elementos renacentistas y barrocos. Estos últimos pueden apreciarse sobre todo en sus patios interiores y logias. Espacios que naturalmente puedes visitar. Te recomendamos que, aunque sea impactante por fuera, no te conformes con ello: vale mucho la pena explorarlo a fondo.

La aportación sajona: Sibiu
Seguramente te estés preguntando qué pintan los alemanes en Transilvania. La respuesta, en el fondo, es bastante sencilla. Fueron invitados por el rey húngaro Géza II en el siglo XII para que defendieran la creciente frontera húngara. Los sajones acudieron a la llamada y fundaron un puñado de ciudades de lo más hermosas y que apenas consiguen esconder su influencia germana. Es el caso, por ejemplo, de Sibiu, antes llamada por el muy germánico nombre de Hermannstadt. Se trata de una localidad pintoresca que todavía conserva ciertos elementos medievales, como el de sus murallas, otrora consideradas unas de las más grandes del sureste de Europa. También destaa por su reloj de más de 500 años que, aunque parezca mentira, ¡sigue funcionando!

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