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Proust es uno de los mejores escritores de la historia y su obra magna En busca del tiempo perdido una de los grandes monumentos literarios que ha habido. Los admiradores de esta obra son legión y es tanta la mitomanía que rodea a Proust que existe una ruta que recorre los lugares que marcaron su vida pero también los que articularon el periplo vital narrado en la novela. Si te apetece recorrer Francia desde otra perspectiva, sobre todo la parte conocida como el Triángulo Proust (París, Valle del Loira y Normandía) continúa leyendo. Y, si quieres conocer otras rutas literarias, aquí te dejamos nuestros artículos sobre la ruta de Don Quijote, las mejores rutas literarias del mundo y las mejores rutas literarias de España.

Auteuil (París)

Comenzamos por el principio: donde nació Marcel Proust un 10 de julio de 1871. Hoy en día este barrio está ubicado en el XVI distrito de la ciudad, en el margen derecha del Sena. Como todo en París es enorme, y ahí está su gran atractivo. Si quieres ir a tiro fijo a tu encuentro proustiano, entonces has de ir al número 96 de la rue Fontaine. La casa original está demolida, aunque una placa conmemora a su ilustre huésped. Allí vivió el pequeño Marcel los primeros años de su vida y el jardín de aquella casa aparecería en Por la parte de Swann, la primera parte de En busca del tiempo perdido. Una vez visitada, puedes darte un paseo por el distrito, aunque dadas sus dimensiones, te aconsejamos lugares imprescindibles como el Parc des Princes, el Bois de Boulogne y la sede del Paris Saint-Germain.

Iglesia de Auteuil

Illiers-Combray

No menos originario que el lugar de nacimiento de Proust es el lugar donde En busca del tiempo perdido comienza: Illiers. Una localidad que el autor recrea en detalle aunque cambiándole el nombre a Combray. Un hecho que ha propiciado que hoy en día figure en los letreros como Illiers-Combray. Pocas veces una obra literaria ha conseguido modificar la realidad de esta manera. Y es que Illiers-Combray es el inicio de todo. El protagonista de la obra estará rememorando a lo largo de las 3.000 páginas de la obra esta localidad, una especie de paraíso perdido al que intenta volver una y otra vez. Se trata de una localidad pequeña (poco más de 3.000 habitantes) en la región Centro, en pleno Valle del Loira. Un encantador pueblo francés que, si no has leído la obra, igual te parezca uno más; pero si la has leído, podrás disfrutar cada rincón rememorando cómo lo describía Proust. Y, sobre todo, la iglesia que tan detalladamente es evocada en la novela.

Calles de Illiers-Combray

Cabourg-Balbec

Otro de los lugares míticos de la novela es Balbec, otra localidad ficticia que, sin embargo, es la plasmación casi exacta de un lugar real: Cabourg, en Normandía. Es en Balbec a donde viaja el protagonista con su abuela en la segunda parte de la obra, titulada A la sombra de las muchachas en flor. Como ocurre en Illiers-Combray, la reputación de la novela ha hecho que ficción y realidad se solapen. Así, en el Grand Hotel podrás ver la Sala Marcel Proust, de nada más y nada menos que 450 metros cuadrados. Asimismo, podrás comer algo en el restaurante Le Balbec e incluso tomarte algo en el bar llamado como la primera parte de la novela, Du coté de chez Swann (Por la parte de Swann). Lo mejor de Cabourg es su condición de ciudad balneario, por lo que podrás disfrutar de las míticas playas normandas a placer flanqueadas por hermosos edificios Belle Époque.

Playa de Cabourg

Trouville-sur-Mer

Seguimos en la «Normandía de Proust», esta vez en una localidad que no fue admirada sólo por nuestro escritor sino también por una pléyade de grandes artistas franceses como Flaubert y Claude Monet, quien pintó algún que otro cuadro en este lugar. Lo cierto es que no nos extraña la devoción de estos artistas por esta hermosísima localidad normanda. La extraordinaria arquitectura clasicista y medieval impresiona, aunque no menos que las cautivadoras vistas al mar. Esta localidad no es recreada de manera tan explícita como Cabourg en En busca del tiempo perdido, aunque se piensa que Proust incluyó algunos elementos (o más bien recuerdos) de Trouville-sur-Mer. Lugar en el que pasó alguna temporada y que hoy le recuerda con una de sus calles e incluso con su nombre pintado en uno de los bancos que encaran el Altántico.

Trouville, en los alrededores de Deauville

Venecia

Proust estuvo en Venecia en 1900 siguiendo los pasos de otro gran escritor y crítico de arte, el inglés John Ruskin. Esta visita le impresionó, por lo que evocó la ciudad de los canales en la penúltima parte de la novela, Albertine desaparecida. Un momento clave en la obra, ya que el protagonista consigue deshacerse del recuerdo de su amor Albertine (y se enamora fácilmente de otra mujer). La descripción de Venecia es magistral y vale mucho la pena visitar esta ciudad siguiendo la prosa de Proust. Y todo mientras disfrutas de la Plaza de San Marcos, su impresionante Basílica, el Gran Canal y todas las maravillas artísticas que habitan sus palazzos: grandes obras de Tintoretto, Tiziano y muchísimos otros. Sin duda, una parada más meridional que se agradece después de los parajes nublados y lluviosos de Normandía.

IMG: iStock; Wikipedia.

 


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