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El Magazine del Viajero
  •   6 min lectura

Adéntrate en una de las regiones con más personalidad de Francia.

Lejos de las concurridas playas de la Francia meridional y del encanto de París, en el Magazine del Viajero te invitamos a descubrir la Bretaña francesa. Una de las regiones con más personalidad y carácter del país. Pintoresquismo, historia, paisajes, balnearios, buen marisco, paseos encantadores, ciudades medievales… ¡Todo eso y mucho más te está esperando!

1. Rodea las murallas de Saint-Malo

A menos de una hora en coche de Rennes y a poco más de dos horas de París en TGV (el AVE francés), Saint-Malo es una ciudad costera llena de encanto. Te aconsejemos que te pierdas en un paseo alrededor de sus murallas y a lo largo de sus calles intramuros, realmente pintorescas gracias a su arquitectura tradicional bretona y sus empedrados. Aunque, si prefieres un paseo revitalizante, nada mejor que asomarte al inmenso Atlántico a través de sus playas.

Saint Malo, en la Bretaña francesa

2. Prueba las ostras de Cancale

La ciudad de Cancale ha atraído a los amantes de las ostras de toda Francia durante siglos. Esta encantadora ciudad con sus coloridas casas de pescadores, situada en la bahía del Monte Saint-Michel, atesora una multitud de criaderos de ostras donde los restauradores locales y los vendedores del mercado vienen a abastecerse para servirlas más tarde de la formas más deliciosas.

Criadero de ostras en Carcale (Bretaña francesa)

3. Perderte en el bosque de Brocéliande

Si eres un enamorado de los paisajes y de las leyendas artúricas, no puede haber mejor región para colmar tus apetitos que la Bretaña francesa. Especialmente recomendable es que te dejes caer por el bosque de Brocéliande. Puedes llegar a él rápidamente desde Rennes. Una vez ahí notarás su atmósfera especial, todavía impregnada de los ecos legendarios del Rey Arturo y Merlín el Encantador.

4. Retornar a la era neolítica en Carnac

¿Sabías que Bretaña tenía su propio Stonehenge? De hecho, en Morbihan, las enigmáticas alineaciones megalíticas de Carnac han existido durante miles de años. Estas misteriosas filas de piedras perdidas en los campos abiertos no han revelado aún todos sus secretos, aunque sabemos que fueron emplazadas ahí hace casi cinco milenios, en el período Neolítico. ¡Casi nada!

El monumento neolítico de Carnac, en la Bretaña francesa

5. Tomar el sol y nadar en Belle-Île-en-Mer

La isla más grande de la Bretaña francesa, situada al sur de la península de Quiberon, es un verdadero rinconcito del paraíso. Y no exageramos, dado que allí podrás disfrutar de campos verdes, pintorescos pueblos, una costa salvaje frente al salvaje Atlántico y, por supuesto, ¡largas playas de arena dorada! Es, en definitiva, el lugar perfecto para disfrutar de unas vacaciones en la costa de la Bretaña francesa.

6. Viajar al medievo en Dinan

Si te interesa el mundo medieval y sus secretos, en Bretaña disfrutarás como un niño. En este sentido, no puedes perderte la ciudad de Dinan. Perfectamente conservada, esta ciudad medieval está dominada por un magnífico castillo del siglo XIV. Pasear por su laberinto de calles empedradas puede ser una inmejorable manera de dejarte imbuir por sus resonancias intemporales. Si te apetece explorar mas en profundidad la herencia histórica y cultural de la región, te aconsejamos que eches un vistazo a nuestro artículo sobre el roadtrip por la Bretaña francesa más medieval.

Vistas de Dinan, en la Bretaña francesa

7. Caminar por el sendero de la aduana

¿Te gusta pasear? ¡Pues en Bretaña como en ningún sitio! De hecho, algunas de las rutas senderistas más hermosas de Francia se encuentran en esta región. Es el caso, por ejemplo, del Sentier des Douaniers, un sendero de 1.600 kilómetros a lo largo de la costa bretona que ofrece extraordinarias panorámicas.

Sendero de la Aduana, en la Bretaña francesa

8. Disfruta de las vistas desde la Pointe du Raz

Uno de los rincones más salvajes de la Bretaña francesa está en la punta del Finistère. ¡Exacto! A la manera del Finisterre español, esta región recoge ese carácter misterioso que rodea a las regiones que durante siglos han sido consideradas el fin de la tierra conocida. Esa condición  sigue existiendo en su particular atmósfera, especialmente subrayada por lo sobrecogedor de La Punta del Raz. Desde allí podrás disfrutar de acantilados escarpados y poderosas olas que chocan contra las rocas. ¡Un verdadero escenario en el fin del mundo!

9. Navegar en el archipiélago de Glenan

Un conjunto de islas muy especial, dado que no pocos se sienten como en las Maldivas al tumbarse en sus arenas de arena fina. O al bañarse en sus aguas translúcidas de color esmeraldado. De hecho, también es un entorno muy frecuentado por todos los amantes de la vela, una actividad especialmente gratificante para viajar de isla en isla.

10. Caminar por las montañas de Arrée

Ubicadas en el conocido como Macizo Armoricano, los Montes de Arrée son, además de unas formaciones naturales impresionantes, el lugar en el que se alza con sus 385 metros de altitud el pico más elevado de la región: el Roc’h Ruz. Nos encanta este lugar por su naturaleza salvaje, pero también por su significado histórico ya que los Montes de Arrée albergan, entre otras cosas, magníficos recintos parroquiales y antiguas capillas.

11. Nantes, entre los Duques de Bretaña y Julio Verne

Nantes es una ciudad de rancio abolengo en la región. Y es que no en vano alberga la residencia de los duques de Bretaña, un impresionante monumento de fuerte look medieval. Aunque la ciudad es eso y muchísimo más. Por ejemplo, pasear por la orilla del Loira o disfrutar de una sesión de shopping salvaje en Passage Pommeraye. Aunque, sin duda, el principal atractivo para los más literatos y enamorados de la ciencia ficción (o la ficción de anticipación) es el Museo Julio Verne. Y es que la ciudad que lo vio nacer cuida con cariño su figura, reivindicándola en cada esquina.

Castillo de los Duques de Bretaña

12. Rennes

Terminamos la lista con la capital de la región Rennes. Una ciudad mediana-pequeña, puesto que cuenta con 200.000 habitantes. Sin embargo, tiene de todo y vale mucho la pena visitarla. Sobre todo porque en ella encontrarás las dos almas de Francia: una más tradicional y medieval y otra mucho más moderna, clasicista y cartesiana. Ejemplos de lo primero tendrás por todos lados, especialmente a través de sus encantadoras casitas tradicionales. Y de su faceta más moderna y racionalista tenemos la Plaza del Parlamento de Bretaña, cuyo look te hará sentir en pleno París.

Canal de Rennes

Volar a la Bretaña francesa: información práctica

¿Cuándo ir a Bretaña francesa?

Los mejores meses del año para viajar a Bretaña son junio, julio, agosto y septiembre. Por supuesto, todo depende del plan que quieras hacer. Si estás pensando en reservar unos vuelos baratos a Rennes para descubrir los encantos de la capital bretona, los meses de junio a octubre serán ideales. Si quieres nadar en la costa de Bretaña francesa, opta por un viaje en agosto/septiembre.

¿Cómo moverse en Bretaña francesa?

En coche, tren, autocar, barco, bicicleta… ¡Moverse por la región, sus ciudades, costas, islas y playas nunca ha sido tan fácil!

En primer lugar, la red de transporte público de Mobi Breizh es muy eficiente y te permitirá moverte fácil y libremente por toda la región. Incluso cuenta con un sitio web que permite simplificar sus viajes proporcionándote la mejor solución entre los diferentes medios de transporte: tren, autobús, bus, bicicleta, metro, tranvía, teleférico, barco o coche compartido.

El tren también es una buena alternativa ya que, dada su extensa conectividad, te permitirá llegar a las principales ciudades bretonas. Por último, también puede alquilar un coche para disfrutar a tu ritmo y visitar los rincones de esta hermosa región que de otra manera son inaccesibles.

¡En ruta hacia los lugares de visita obligada y las cosas que hay que hacer en Bretaña francesa! 


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