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El Magazine del Viajero
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Lugares para descubrir un país repleto de encantos que no sólo están en Berlín.

Alemania es en cierto modo un país muy visitado pero poco conocido. Casi todo el mundo ha estado en Berlín, pero no tantos han recorrido el país, por lo demás rebosante de bellezas. Unos encantos que no son sólo naturales: Alemania, dada su larga historia y amplia contribución a la cultura mundial, tiene muchísimo que ofrecer. Te mostramos qué lugares pueden ser una buena aproximación al país centroeuropeo. Un acercamiento, por cierto, al que acompaña una amplia oferta de vuelos baratos a Alemania desde 60 €. Eso sí, nos saltaremos su capital dado que, si quieres saberlo todo sobre esta ciudad, no tienes más que echarle un ojo a nuestro artículo sobre qué ver y hacer en Berlín. ¡Gute Reise!

Ratisbona

Aunque el tópico que a menudo se tiene desde el sur de Europa es que Alemania fue un país asilvestrado hasta hace poco, lo cierto es que ya contó con ciudades romanas desde muy antiguo. Uno de estos casos es Ratisbona, una ciudad bávara cuyo casco histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fundada por los romanos en el año 179, con el tiempo fue creciendo en importancia hasta erigirse en una de las ciudades principales del Sacro Romano Germánico en plena Edad Media. De entre sus monumentos destacan la imponente Catedral de San Pedro y el puente de piedra medieval que cruza el río Danubio.

Ratisbona (Alemania)

Además, a 10 km de la ciudad se encuentra un monumento tan curioso como poco conocido: el Walhalla, o lo que es lo mismo, el Olimpo de la mitología germánica. Pese a todo, no encontrarás ni templos ni una arquitectura antigua; de hecho se trata de un edificio del siglo XIX, réplica del Partenón, que hace las funciones de Panteón nacional: allí se encuentran los bustos de figuras como Beethoven, Lutero, Alberto Durero, Händel, Kepler o Einstein. ¡Casi nada!

El Walhalla (Baviera)

Weimar

Si Berlín era tradicionalmente la ciudad más representativa del poderío germano, de su espíritu prusiano, Weimar representaba algo muy diferente: la sensibilidad en las artes y las letras, el clasicismo y el refinamiento. Capital del país durante la efímera república que precedió al ascenso del nazismo, es una ciudad pequeña pero muy hermosa. Esta inclinación a lo clásico y lo humanístico está remachada por ser la ciudad que representa la colosal figura de Goethe, considerado el escritor alemán por antonomasia. Podrás ver su huella en cada calle y en su famoso monumento donde comparte espacio con otro de los grandes, el poeta y dramaturgo Friedrich Schiller. Por cierto: el clasicismo exquisito de sus edificaciones le ha valido una declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Weimar (Alemania)

Aunque Weimar es también modernidad en estado puro: allí se estableció la célebre Bauhaus, escuela de artes aplicadas que constituyó la fuente principal del diseño moderno. El edificio de la Universidad, así como otras edificaciones ubicadas fuera de Weimar, son también es Patrimonio de la Humanidad.

Universidad Bauhaus, en Weimar

Eisenach

Esta localidad de poco más de 40.000 habitantes ubicada en Turingia es, pese a sus pequeñas dimensiones, uno de los lugares más simbólicos de la cultura alemana. La primera razón, por haberse alojado en su Castillo de Wartburg uno de los personajes clave en la cultura alemana: Martín Lutero. Allí tradujo la biblia al alemán, un hecho de enorme trascendencia, no sólo en lo religioso sino también en lo idiomático. En gran parte el actual idioma alemán está tallado por el alemán que Lutero empleó para la traducción de la Biblia. Es por esta razón que el Castillo de Warburg está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aunque Eisenach no se queda en eso. Y es que en ella nació uno de los genios universales de la música: un tal Johann Sebastian Bach. ¡Casi nada!

Eisenach, en Alemania

Dresde

Tradicionalmente considerada como el corazón cultural del país, se la denominaba como la «Florencia del Elba». Esto es debido a su animada vida cultural y a que constituyó el verdadero centro de la música alemana (lo que hace algo más de un siglo venía a significar el centro de la música mundial). Sin embargo, fue casi borrada del mapa durante la Segunda Guerra Mundial a causa del que probablemente fue el bombardeo más arrasador de toda la contienda. Sin embargo, fue posteriormente reconstruida, por lo que hoy podemos revivir la elegancia de su casco histórico y sus monumentos barrocos. Destacan la Catedral Hofkirche, el Palacio de Dresde y, sobre todo, el emblema de la ciudad: la Frauenkirche. Además, dada su cercanía con Praga (apenas 1 hora y 45 minutos en coche) la hace perfecta para una visita complementaria si viajas a la capital checa. O al revés: viajar a Dresde puede ser una estupenda introducción si tu idea es visitar Praga.

Dresde (Alemania)

Aquisgrán

Aquisgrán es, como delata su nombre, una ciudad en la que los romanos estuvieron presentes. Ubicada en el extremo occidental del país, muy cerca de la frontera con Países Bajos y Bélgica, Aquisgrán es una ciudad de gran importancia histórica en Europa. Lo es fundamentalmente porque en ella estaba ubicada la residencia de Carlomagno y, en lo sucesivo, era donde se hacían coronar los emperadores alemanes.

Aquisgrán (Alemania)

Esta profunda historia ha convertido la ciudad en un auténtico museo al aire libre donde destaca la Catedral y el Ayuntamiento. Pero la joya de la corona es la Capilla Palatina ubicada en el interior de la Catedral. Una obra maestra arquitectónica que aúna elementos bizantinos con prerrománicos. Tan importante es este espacio que era exactamente ahí donde los emperadores germánicos se coronaban.

Capilla Palatina de Aquisgrán

La Selva Negra

Una buena inmersión en la Alemania más atávica y auténtica puede ser la visita de esta monumental masa forestal donde nace el caudaloso río Danubio. Ubicada en el extremo suroeste del país, en el estado de Baden-Wurtemberg, la Selva Negra es nada más y nada menos que 6.009 kilómetros cuadrados de bosque, pintorescas localidades e importantes ciudades. Un lugar con tanta personalidad que incluso puede hablarse de una cultura propia de la Selva Negra, especialmente visible en las casas tradicionales, los atuendos típicos, así como en su gastronomía famosa por el jamón de la Selva Negra y la no menos deliciosa Tarta de la Selva Negra. Si eres un amante de la naturaleza, puedes realizar senderismo y escalada, aunque si lo que más te gusta son los recorridos culturales, ciudades como Friburgo y Karlsruhe, a buen seguro que te maravillarán.

Selva Negra (Alemania)

Aunque ya que estamos citando localidades que salpican la Selva Negra sería injusto dejarse Baden-Baden. Esta población de poco más de 50.000 habitantes ya cuenta con una dilatada historia termal desde que ya en época de los romanos el mismísimo Caracalla se desplazara a ella para reposar entre sus benéficas aguas. En el siglo XIX, con la consolidación de las ciudades balneario, Baden-Baden se convirtió en uno de los destinos de descanso favoritos de los europeos. Y no es para menos: sus pintorescas calles y la belleza del entorno ya de por sí sanan el alma.

Baden-Baden, en Alemania

Ruta Romántica

El país que prácticamente inventó el movimiento romántico no podía sino contar con una ruta a la altura de este legado. La conocida como Ruta Romántica es un recorrido de 350 kilómetros que atraviesa Baviera desde Wurzburgo hasta Füssen. Recorriéndola no sólo te saldrán al paso paisajes de ensueño, sino también hermosas ciudades. La lista es muy larga, pero no podemos omitir lugares como la propia Wurzburgo. Una ciudad Patrimonio de la Humanidad ubicada a orillas del río Meno en una hermosa región vinícola. Allí podrás disfrutar de monumentos como la Residenz, la Catedral, la Vieja Universidad, la Iglesia Stift Haug o la Fortaleza de Marienberg.

Wurzburgo (Alemania)

Otra localidad interesante es Bamberg, célebre por sus cervezas ahumadas. Aunque también atesora encantos muy gratos a la vista como son la Alte Hofhaltung (que incluye la Catedral y el puente Obere Brucke), la Catedral y el Barrio de los Pescadores, también conocida como la Pequeña Venecia por sus canales de agua. En definitiva, un lugar que se merece con creces ser una de las paradas obligatorias de una ruta romántica e idílica como pocas en Europa.

Bamberg (Alemania)

Pero sin duda el lugar más conocido es el castillo de Neuschwanstein, que mandó construir Luis II de Baviera, uno de los reyes más románticos y soñadores que ha habido. Tanta era su admiración por Richard Wagner que se basó en su ópera Lohengrin para construirse este castillo. Una edificación que, por lo demás, también fue la base de inspiración, según dicen, para el famoso castillo de Disney. Si hay un lugar en el mundo que parece sacado de un cuento de hadas, sin duda es este singular monumento.Castillo de Neuschwanstein, en Baviera

Wernigerode

Nos vamos del sur a una de las regiones del centro-este del país, Sajonia-Anhalt. Wernigerode es, literalmente, una localidad de cuento. Su estilo medievalizante, de un pintoresquismo difícil de superar, te cautivará. Destacan su Castillo y su Catedral, aunque probablemente la estampa más reproducida sea la de su Ayuntamiento, ubicado en la Marktplatz. Construido en un estilo gótico florido, aunque retocado posteriormente, es un ejemplo de la belleza que te aguarda en Werginerode. De hecho, lo primero que uno piensa al verlo es que es una casita de dulce. En invierno, además, en su entorno tiene lugar un Mercado de Navidad que, si viajas en esas fiestas, vale mucho la pena que visites.

Wernigerode (Alemania)

La ruta musical

Como dice la frase, Alemania es una tierra de poetas y músicos. Sobre todo de estos últimos. Y es que Alemania es uno de los paraísos del melómano, no sólo por la gran cantidad de teatros de ópera y salas de concierto top que existen, sino por ser uno de los lugares donde cualquier amante de la música puede liberar su mitomanía. Así, si te apasiona Beethoven, has de visitar Bonn, su ciudad natal, un lugar en que la huella del compositor está presente a cada paso.

Escultura de Beethoven, en Bonn

Leipzig es probablemente la ciudad musical más icónica dado que allí trabajó buena parte de su vida uno de los músicos más influyentes de la historia: Johann Sebastian Bach. Al igual que ocurre con Beethoven en Bonn, sus paisanos, aunque adoptivos, aún hoy lo tienen muy presente, por lo que un breve paseo por sus calles te descubrirá al genio barroco. Pero es que no queda aquí. Leipzig fue también la ciudad natal de otro de los colosos musicales de todos los tiempos: Richard Wagner.

Escultura de Bach en Leipzig

Respecto a este último, aunque visitar su ciudad natal siempre puede ser una buena aproximación, nada como darse un salto a la pequeña localidad bávara de Bayreuth. Allí Wagner consiguió hacerse construir un teatro para él sólo con la única función de representar sus obras (a veces en exclusiva). El Festival de Bayreuth, que se celebra cada verano, es una referencia para los wagnerianos de todo el mundo, que se desplazan a él como peregrinos a la Meca. Bayreuth es, por lo demás, un auténtico parque temático dedicado a Wagner. Allí podrás visitar también su tumba y el Wahnfried, su residencia.

IMG: iStock, Wikipedia.

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